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¿Quería Cala Matar a Bukowski o era simple efecto de la resaca?

Entrevista a Marco Antonio Cala Acevedo, escritor bumangués
Por  Carlos Andrés González León*


 

“Aquel que canta no pretende que sus cábalas sean algo desconocido; al contrario, se precia de que los pensamientos altaneros y malvados de su héroe se encuentren en todos los hombres”  Conde de Lautrémont – Cantos de Maldoror (Canto Primero)

Marco Antonio Cala Acevedo fue alumno de uno de mis cursos de derecho financiero en la universidad.  Lo recuerdo por su acento marcado, muy santandereano. Siempre lo creí dispuesto a todo, incluso a matar al profesor.  Lo veía de lejos sin imaginar que pudiera ser escritor y que por esos años fuera guitarrista de un grupo de metal.  Luego apareció en Facebook ofreciéndome el libro que había publicado, su tercera novela: Matar a Bukowski. 

-Ya la leí, -le escribí, y para ser franco, nos debemos una conversación. 
Así fue, al mes nos encontramos en mi oficina en una reunión rápida, acelerada y sobria: rápida porque fue corta, solo hablamos de libros y autores en común; acelerada, porque yo tenía una cita hacia el mediodía y Cala vive la vida a mil, y sobria, porque ya no bebe y yo tenía algo de resaca de la noche anterior, por lo que sólo quedó el recurso del café y el agua.  Se llevó unos libros y me dejó otros, con la condición de volvernos a ver, hablar de lo leído y hacer la entrevista. 

C. A.G.L.: ¿Por qué Matar a Bukowski?
M. A. C.: Bukowski es uno de mis ídolos y para poder liberarse hay que matar a los ídolos. 
C. A.G.L.: ¿Cuándo conociste a Bukowski?
M. A. C.: Fue accidental, pues ni sabía de él.  En una librería vi uno de sus libros , lo cogí, compré y leí, y como suele pasar, desde ese momento me gustó, me enamoré hasta que lo maté (risas).
C. A.G.L.:¿Por qué escribe?
M. A. C. : Por  necesidad, porque no ha habido más que pueda tolerar en un oficio; por desahogo, estoy en esa etapa.  Ya lo había intentado con la música pero no fue suficiente y terminé escribiendo y es en lo que mejor me siento.
C. A.G.L.:¿Cuáles son sus influencias en la literatura?
 M. A. C.: Son muchas; siempre digo unas y luego aparecen otras: Bukowski, Rubén Fonseca, Álvaro Absalón Becerra, Mario Vellatín, escritor mejicano a quien conocí en Bogotá, Curt Bonegut, American Psico.
C. A.G.L.:¿Cuándo empezó a escribir?

M. A. C.: Empecé a escribir luego de un viaje a los Estados Unidos.  Yo estudié derecho pero nunca me encontré ni me vi como abogado, simplemente lo hice porque pensé que era un buen negocio mientras mi papá me daba el alpiste y la dormida; así lo mantenía contento. Por eso cuando terminé mis estudios y encontrar que eso no era lo mío me fui de viaje a E. E. U. U. por cuatro años, haciendo de todo, pero amargado y aburrido, tanto que hasta terminé en la cárcel, llevándome un canazo de 76 días.  Luego regresé a Colombia y ya en Bucaramanga, estuve trabajando en varias cosas sin encontrarme en ninguna, por lo que empecé a escribir.  Tenía muchas historias.  Historias que desde pequeño relacionaba con mi gusto por el cine; cuando tenía once años recuerdo que tenía un primo al que también le gustaba el cine y me llevaba con él, luego yo le contaba la película que había visto a mis amigos.  Así que para mí fue normal, por lo que desde hace cuatro años más o menos empecé y no he parado.  Es un vicio que no se puede dejar.

C. A.G.L.: ¿La primera novela es Matar a Bukowski?
M. A. C.: No, Matar a Bukowski es la primera publicada.  Hay otras.
C. A.G.L.: ¿Cuáles?
M. A. C.: La primera que escribí se llama “Macabros hallazgos acerca de la evolución femenina”; después escribí “Pesadilla Editorial”, luego “Matar a Bukowski”;  ahora mismo estoy en más de la mitad de una novela que se llama “El atentado en contra de Shakira y su vida después del holocausto nuclear”.
 C. A.G.L.: ¿Se puede contar?
M. A. C.: Claro, lo que pasa es que tengo ahora la presión porque llevo rato escribiéndola.

C. A.G.L.: ¿Muy complicado el proceso?
M. A. C.: No tanto, lo complicado es tanta incertidumbre cuando uno necesita tranquilidad para escribir.

Video-Entrevista de Los Impresentables a Antonio Cala

 

C. A.G.L.: ¿Cómo son sus métodos de trabajo?
M. A. C.: Soy muy vago para eso, creo que leo diez o veinte veces más de lo que escribo.  Le dedico más tiempo a leer a otros autores que a escribir.  No me obligo a horarios rígidos.  Puedo pasar quince días sin tocar el computador.  Por eso digo que esos asuntos de la influencia de los que hablábamos son ciertos.  Así uno no haya leído mucho a un autor, su influencia queda, por eso las listas de autores que influyen en uno son injustas, pues son inagotables.  Por ejemplo, Castro Caicedo dice que cuando él escribe sus libros no lee nada para no recibir la influencia de otros en su escritura.  Eso me parece ridículo, porque no se puede negar lo que hay detrás.  Nunca dejo de leer así como no se puede negar a la mama.

 C. A.G.L.: ¿Y las otras novelas escritas en donde andan?
M. A. C.: Andan en concursos.  Pesadilla Editorial tuvo un reconocimiento: llegó a las finales en el concurso Ángel  Miguel Polanco, salí cuarenta entre ciento cuarenta…
 C. A.G.L.: ¿Cómo es el proceso de revisión de textos?
M. A. C.: Una tortura.  Es el aprendizaje.  Al principio se mancha el nombre, luego se corrige.

Bukowski

 

C. A.G.L.: ¿Por qué se publica Matar a Bukowski y no las otras?
M. A. C.: Porque son autobiografías y Matar a Bukowski es una novela corta y es la más autobiográfica de todas.  En Matar a Bukowski le meto un dedo en el culo al mundo.  Esto es lo que soy y aquí hay un 70% autobiográfico y un 30% de ficción.  Me libero como escritor y como persona.
C. A.G.L.: Algunos escritores ejercen otras profesiones para sobrevivir, usted solo vive de escribir, ¿cómo es eso?
M. A. C.: Es algo de convicción.  La meta se alcanza y no sobra que se aparezca la virgen.  No tengo presiones de familia como esposa e hijos, solo respondo por mí.  Puedo dedicarle todo el tiempo a la escritura, y si fracaso, el fracaso es mío, sin involucrar a nadie en él. Con esta novela me ha ido bien.  Los escritores que conozco me han dicho siempre que siga adelante y no le crea a nadie…

C. A.G.L.: ¿Cómo ves la escritura en Santander?
M. A. C.: No la veo.  Uno conoce escritores pero no hay difusión.  Uno no sabe que tan buenos son porque no se tiene no en dónde ni cómo leerlos.  Es más, hace poco nos invitaron a cuatro escritores santandereanos para hablar sobre nuestra experiencia en la Feria del Libro en Bogotá, el evento era en la Biblioteca Gabriel Turbay, y allá aparecí muy cumplido y  emocionado y no llegó nadie.  Nos  tocó devolvernos a los cuatro escritores con nuestra experiencia en el bolsillo.  El panorama es triste: ranchera, vallenato y guarapo.  No hay aprecio serio por el arte.

C. A.G.L.: ¿Qué le dirías a alguien que va a leer Matar a Bukowski, sobre todo si estudia literatura?
M. A. C.: Yo soy empírico.  Creo que las reglas obstaculizan escribir.  Lo importante de escribir es que nazca del corazón y eso la gente lo reconoce.
C. A.G.L.: ¿La música ha tenido alguna influencia en su obra?
M. A. C.: Solo en haber escogido escribir.  Nada más.  Fui metalero y tengo que escribir sobre esa época.  Estuve con dos bandas de metal al piso: Morbidus y Tortura.  La expresión me llevó a la escritura.
C. A.G.L.:   ¿Qué perspectivas  tiene?
M. A. C.: Seguir dándole y tratar de ver las oportunidades.  Sin apoyo la batalla es dura, lo importante es seguir escribiendo.
C. A.G.L.:   ¿El terror a la hoja en blanco?
M. A. C.: No, el temor a que no me descubran.  Es como quedarme siendo un animal en vía de extinción.

Ciudad de los Búcaros, septiembre de 2008.

*Escritor santandereano

 

 
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