Resumen
En este trabajo se hace una breve reseña de cortos apartes de las extensas Elegías de varones ilustres de Indias escritas por Don Juan de Castellanos, donde se pretende resaltar el valor poético y descriptivo.
Arriesgarme a escribir un ensayo sobre las Elegías de Varones ilustres de Indias, hija única de Don Juan de Castellanos, es todo un reto. Mucho se ha escrito sobre esta ambiciosa obra y mucha agua ha corrido bajo los puentes desde que sucedieron los hechos de los que se ocupa don Juan.
El reto es tan o más grande que el que asumió el autor de las Elegías cuando decidió escribir su largísimo poema. Un enorme canto de 113.609 endecasílabos; no sólo enorme por su construcción y manejo impecable de la técnica de las llamadas octavas reales, sino enorme en su contenido ya que abarca desde el descubrimiento de América por Cristóbal Colón pasando también por la colonia del Nuevo Reino de Granada.
Es importante que antes de seguir adelante nos situemos en el contexto histórico en que se escribió este poema:
“Juan de Castellanos nació en Alanís (de la provincia de Sevilla en Andalucía) en marzo de 1522, en una familia de labriegos, lo que al parecer no fue óbice para que, bajo la tutela del bachiller Miguel de Heredia estudiara latín, gramática, preceptiva, poesía y oratoria en la Escuela de Estudios Generales en Sevilla. Cabe advertir que no todos los que se han ocupado de Castellanos y su obra coinciden en estos datos y la trascendencia que tuvieron en su formación; lo cierto es que, y en esto sí parece haber acuerdo, es que viaja al Nuevo Mundo antes de cumplir los veinte años y nunca regresará a España [más información sobre estos aspectos en: Alvar, 1972; Meo-Zilio, 1972; Pardo, 1962; Rojas, 1968; Romero, 1964; Ocampo, 1997]. En adelante participa en las peripecias de la conquista y colonización de las islas caribeñas y finalmente de las actuales Venezuela y Colombia. Ordenado sacerdote en 1554, tras una vida bastante agitada (tuvo una hija, problemas con la Inquisición y participó de la actividad perlífera en Cubagua [Pardo, 1962, XXXVII]), se estableció definitivamente el año 1562 como cura de la Parroquia Santiago de Tunja, y en el año 1568 fue nombrado su Beneficiado. A partir de 1561 ó 1562 habría comenzado la redacción en prosa de las Elegías y, aproximadamente desde 1577-1578 habría llevado a cabo su versificación, la cual culminaría en 1607 [Meo-Zilio, 1982, pp. 207-8].
La obra, titulada Elegías de varones ilustres de Indias está compuesta de cuatro partes (no llegó a escribir una quinta, prometida al concluir la IV), de las cuales sólo la I se publicó en vida del autor en 1589. En 1847, la Biblioteca de Autores Españoles de Manuel Rivadeneyra editó las partes I, II y III (sin el Discurso del Capitán Francisco Draque). Finalmente, en 1886, vio la luz la IV Parte en la Colección de Escritores Castellanos, Sección Historiadores. En cuanto al Discurso, recién en 1921, Angel González Palencia prologó y editó el texto con el auspicio del Instituto Valencia de don Juan. La primera versión completa se publicó en Caracas en 1930, editada y prologada por Caracciolo Parra León. La segunda, en cambio, fue editada en 1955 por la Presidencia de Colombia en cuatro tomos, con prólogo de Miguel Antonio Caro. En 1997, por fin, apareció la tercera Parte, a cargo de Gerardo Rivas Moreno, prólogo de Javier Ocampo López e Indices temáticos (onomástico, toponímico y de nombres indígenas) a cargo de Cristóbal Acosta Torres”1.
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La obra, titulada Elegías de varones ilustres de Indias está compuesta de cuatro partes (no llegó a escribir una quinta, prometida al concluir la IV), de las cuales sólo la I se publicó en vida del autor en 1589. En 1847, la Biblioteca de Autores Españoles de Manuel Rivadeneyra editó las partes I, II y III (sin el Discurso del Capitán Francisco Draque). Finalmente, en 1886, vio la luz la IV Parte en la Colección de Escritores Castellanos, Sección Historiadores. En cuanto al Discurso, recién en 1921, Angel González Palencia prologó y editó el texto con el auspicio del Instituto Valencia de don Juan. La primera versión completa se publicó en Caracas en 1930, editada y prologada por Caracciolo Parra León. La segunda, en cambio, fue editada en 1955 por la Presidencia de Colombia en cuatro tomos, con prólogo de Miguel Antonio Caro. En 1997, por fin, apareció la tercera Parte, a cargo de Gerardo Rivas Moreno, prólogo de Javier Ocampo López e Indices temáticos (onomástico, toponímico y de nombres indígenas) a cargo de Cristóbal Acosta Torres”2.

Me atrevería a catalogar esta obra en un género que no sé si exista, pero que debería: poesía histórica. Ni épica, ni lírica, pero sí las dos al mismo tiempo, ¿Cómo llamarla? no sé, talvez poesía histórico-descriptiva, o algo similar. Es impactante observar cómo logra combinar el lirismo y la pasión con su impecable técnica en acontecimientos históricos tan extensos y sobre todo, cómo logra describir con lujo de detalles no sólo estos acontecimientos, sino el entorno donde acaecieron.
De este tema en las Elegías es que quiero ocuparme: de la capacidad descriptiva que tiene Castellanos para hacernos sentir que estamos viendo con nuestros propios ojos cómo son esos parajes aparentemente tan inhóspitos pero tan arrolladoramente bellos e inexplorados. Supongo que para un español que arribó en su adolescencia al exuberante trópico, debió ser impactante encontrar semejantes lugares aun vírgenes y aquellos paisajes absolutamente puros e inimaginables para un europeo.
1.Las Elegías de varones ilustres de Indias de Juan de Castellanos, la mitología grecolatina y los comienzos de la literatura en Colombia y Venezuela, Angel Vilanova
2. Las Elegías de varones ilustres de Indias de Juan de Castellanos, la mitología grecolatina y los comienzos de la literatura en Colombia y Venezuela, Angel Vilanova
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