Te han amado sin conocerte mujer, sin dejarte conocer a ti misma, te convirtieron durante siglos en un invento del hombre, como una rueda o una lavadora. Te hicieron también pasar por loca desconsolada, el ser emotivo que se lanza a un río de flores, que se tira a un tren, que se suicida con una daga en el nombre de su amado, que le había dicho que la amaba con sonetos, bajo la luz de la luna, mirándola hacia arriba como quien reza a Dios. Oh Julieta, Ofelia, Ana, Emma, María, Elena, Melibea. Te rescataron una y otra vez a veces sin haberte visto. Fuiste doncella, madre e hija, reina, plebeya, maja y virgen. Poetisa:
“Te igualaba a una diosa insigne, y tú te embelesabas con su canto como con otro ninguno. Pero se fue, y ahora sobresale entre las damas lidias lo mismo que la luna de rosados dedos eclipsa todas las estrellas una vez puesto el sol. Y su brillo baña de plata el mar salobre, e ilumina las campiñas floridas, donde ha caído el rocío y han brotado las rosas, el tierno perifollo, las dulces flores del trébol.” Una amada ausente, Safo de Lesbos.

El amor es distinto en los ojos de la mujer y en los del hombre, es distinto con el tiempo. Varía con los siglos. Principalmente el amor, aunque es el sentimiento primordial que mueve la vida de los humanos, se ha convertido en un concepto, una idea formal encapsulada en espacios en el tiempo.
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¿Hay libro que no conciba el amor? ¿Qué sería de la literatura sin el jugueteo fortuito de Eros, lanzando flechas a quienes incluso no creen en el? La literatura, se convierte así en el medio más eficaz para observar el amor, desde que hubo letras para escribirlo. De la Biblia a Cosmopolitan, que visiones del amor tan diferentes hemos creado los humanos, hemos querido ver malinterpretado.
Y, hablando de mal interpretaciones y letras ha acaecido sobre el tema un libro que poco y mucho tiene que ver con el amor: La Celestina de Fernando de Rojas. Podría pensarse que para hablar de amor, sería más acertado escoger otra obra, pero se olvida que el asunto más allá del furor es el artilugio detrás de este. En el engaño que suscita la pasión, en un hombre que ve a una mujer y se enamora de su figura, y la desea, y la persigue. ¿Es la Celestina realmente un libro sobre amor?, ¿Son los destinos de Calisto y Melibea, algo más que la consecuencia de un juego desenfrenado?
He decidido que si…y que no. No hay respuesta exacta ni totalmente certera cuando de amor se trata. La Celestina de Fernando de Rojas, es un libro escrito en un periodo de transición del medio-evo al Renacimiento en España, y primordialmente por esta razón rompe con el esquema del amor cortés y noble en la literatura dirigiéndose al ideal renacentista del amor, más libre y luminoso. Aunque se hallen dentro de la obra elementos pertenecientes a ambas épocas. Es un libro lleno de pulsiones, con aroma a sexo y alusiones pícaras y aun así inocentes hacia este, característica propia de la ambigüedad del género tragicomedia, razón del difícil encasillamiento de dicha obra.
La Celestina, se convierte en el paradigma del engaño, de las pasiones fútiles de los humanos llamadas amor, Antes puta, ahora pactada con el diablo se encarga de manejar y “ayudar” a los amantes a llevar a cabo sus pasiones. Pasiones creadas por la imaginación, pues no fue por criterio propio que Melibea amó o deseó a Calisto, ni era realmente el corazón de Melibea lo que este deseaba más.
Como intención primordial el libro se encarga de crear y acabar con el amor, cómico y dramático a la vez, creando una pasión veloz entre dos nobles que se entregan al deseo, hasta encontrar la muerte. Los amantes siempre mueren, como si el amor necesitara la reafirmación metafórica de continuar por siempre en la eternidad más allá de la carne. Calisto muere, Melibea se suicida. Mujeres inválidas deprimidas de nuevo. Todos los personajes en el libro son movidos por sus propias emociones. Pármeno, Sempronio, Calisto, Melibea, Celestina, Elicia y Preusa. Todos queriendo sacar provecho de un amor, que no es amor. Es cruel, falso o real…No es amor incondicional, no es amor leal… ¿es amor físico?, amor al dinero y al placer. Y como por esto llora Pleberio por ti Melibea.
Ahora amor, hasta yo he inventado un ensayo en tu nombre.
*Estudiante de literatura UNAB
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