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La maga, una búsqueda que no tiene fin
por Xavier Edmundo Abad

Julio_Cortázar

 

...Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
Julio Cortázar

Aunque hubiésemos escogido otro tema para referir nuestra aproximación receptiva, encontraríamos la misma devoción de su autor para justificarlo y argumentarlo fluidamente. La importancia de la mujer en la literatura ha superado los límites del tiempo, y una y otra vez recurrimos a ellas como un motivo temático que ha permitido a los escritores de todos los tiempos el elogio, el desdeño, la obsesión, pero siempre vista como fuente de inspiración. En Rayuela pretendemos hallar un significado profundo a esa búsqueda que desde el principio nos plantea Cortázar: ¿Encontraría a la Maga? Y precisamente trataremos de interpretar la importancia de la mujer para Cortázar y su justo lugar en esta novela.

Sólo basta leer a Rayuela para darse cuenta que el personaje de la Maga representa esa sombra existencial que es Horacio Oliveira; y ella le ayuda a complementar ese misterio surrealista que observamos en el transcurso de la novela; la Maga es necesaria al personaje principal porque trata de buscar en ella esa idea de trascendencia en la vida, es por eso que se nos muestra a Oliveira como un hombre cuyo emblema es la búsqueda y la Maga le sirve de complemento a sus propios intereses:
Y era natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas,y que la gente que se da citas precisas es Ia misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico¹

Sin embargo, entre ellos no hay una reciprocidad de pensamientos, ni de diálogo, es por eso que vemos a un Oliveira aislado divagando en todas las cosas que le pueden servir para encontrar su centro que lo represente y le dé identidad y cree que por ninguna razón podía ser la Maga ese ansiado camino que lo condujera ese objetivo; en ocasiones Oliveira tiende a pormenorizarla por sus múltiples ocurrencias, por esas libertades y por esa inocencia que se le escapa a cada situación en la cual se ven expuestos por ejemplo, cuando Oliveira se ve inmerso en ese intelectualismo supremo tratando de entender las posibles relaciones entre el arte, el jazz y la vida, se sumerge en las sinrazones del mundo y sus explicaciones:

Oliveira pasó el brazo por la cintura de la Maga, también eso podía ser una explicación, un brazo apretando una cintura fina y caliente, al caminar se sentía el juego leve de los músculos como un lenguaje monótono y persistente, una Berlitz obstinada, te quie-ro quie-ro te quie-ro.... Si la Magahubiera podido comprender cómo de pronto la obediencia al deseo lo exasperaba...²

 


¹CORTÁZAR, Julio, Rayuela, 3ª. edición, Punto de Lectura, Bogotá, 2006.
²Ibid., p.58.
³lbid>., p. 28.

 

Podemos suponer que Cortázar crea a una Maga surrealista pues si hubiese sido real, difícilmente hubiera soportado por largo tiempo una aventura con un intelectual que la consideraba y la hacía considerar por sus amigos, ya como una muchacha torpe e ignorante, y llena de una misteriosa sabiduría.

Lo anterior se puede confirmar cuando Cortázar nos muestra a una mujer uruguaya recién llegada a París, con una gran cuota de ingenuidad, curiosidad y un poco perdida de su horizonte: “...a la Maga no había que plantearle la realidad en términos metódicos, el elogio del desorden la hubiera escandalizado tanto como su denuncia...”

De esta forma vemos cómo cada uno de los interrogantes de la Maga quedan sin respuesta, ha de callar siendo la Maga, una mujer legendaria con ciertos poderes un tanto mitológicos, más allá de sí misma cumple con el papel que le corresponde, entonces la vemos así:
... la Maga sin saber que era mi espía y mi testigo, admirando enormemente mis conocimientos diversos y mi dominio de la literatura y hasta el jazz cool, misterios enormísimos para ella... nos queríamos en una dialéctica de imán y limadura, de ataque y defensa, de pelota y pared...²

Tal vez sea conveniente hablar un poco de la concepción literaria de la mujer a través del tiempo, y sabemos por los críticos y los mismos escritores que los mitos referidos a la mujeres son creación del hombre por cuanto ella ha sido objeto de culto, devoción y olvido, para nombrar sólo algunos efectos, pero también como madre, como diosa y como virgen, en ocasiones se le ha dado características demoníacas o destructoras, de esta manera observamos a través de la literatura a la mujer como proveedora de significados precisos cuando la observamos fusionada con elementos de la naturaleza capaz de proporcionar protección, amparo, pero a la vez capaz de sorprender al hombre con eventuales comportamientos de destrucción. Muchas son las relaciones que podemos encontrar en la literatura referida a la mujer, y retomemos una vez más la representación de la Maga en Rayuela. Como lo mencionábamos líneas atrás en la mujer se pueden encontrar diversos significados que totalizan el mundo narrativo del escritor, y creemos que es cierto. Lucía, esta uruguaya arriesgada y muy decidida, a lo largo de la novela se la puede observar en su calidad de prestidigitadora, esa capacidad intuitiva le confiere adelantarse a los acontecimientos, pero su participación se queda en un segundo plano porque la supremacía intelectual de Oliveira no le permite su total desarrollo.

Recordemos el momento en el cual Horacio reflexiona sobre la forma cómo la Maga sale de Montevideo con un hijo, sin dinero y con Rocamadour en brazos; esa suerte de sabiduría instintiva de la Maga se observa en ese deseo de enseñar a los demás sin proponérselo esa manera de "mirar y de ver, lecciones que ella no sospechaba..."³

En múltiples ocasiones, cuando la Maga interviene en esas largas disertaciones sobre el arte, la música (jazz), los principios de indeterminación, el sentido real de las cosas, el amor, la felicidad, las saturaciones sexuales, el coeficiente del amor, para nombrar sólo algunas; ella aparece sin control sobre sus propias palabras, hasta el punto de que Horacio y sus amigos afirmarán de ella: "que cierra los ojos y da en el blanco", y "no es en la cabeza donde tiene el centro" y aunque en muchas ocasiones la cubrían de insultos por sus anotaciones y a pesar de esto Perico Romeroy Ettienne, intelectuales del club de la serpiente coincidían en admitir que "para ser hembra la Maga se las traía..."

Aunque generara siempre una suerte de rechazo, burla y señalamiento la Maga durante el transcurso de los acontecimientos se muestra auténtica, impulsiva y muy espontánea, como esa mujer intuitiva y profética; y en este sentido podemos reflexionar que precisamente el conocimiento se determina en esa capacidad que tiene la Maga de ver hondo detrás de las cosas y no en ellas mismas, sin aferrarse, como lo hacen los del club de la serpiente, a tantos moldes analíticos:

 
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Página 2.

 

Cuando la Maga preguntaba por cuestiones como la filosofía Zen..., Gregorovius se esforzaba por explicarle los rudimentos de la metafísica mientras Oliveira sorbía su pernod y los miraba gozándolos. Era insensato querer explicarle algo a la Maga. Fauconnier tenía razón, para gentes como ella el misterio empezaba precisamente con la explicación. La Maga oía hablar de inmanencia y trascendencia y abría unos ojos preciosos que le cortaba la metafísica a Gregorovius. Al final llegaba a convencerse de que había comprendido el zen, y suspiraba fatigada. Solamente Oliveira se daba cuenta de que la Maga se asomaba a cada rato a esas terrazas sin tiempo que todos ellos buscaban dialécticamente¹ .

En otro sentido, es necesario hablar un poco de la vida cotidiana que enmarca a la Maga, ella tuvo una infancia de pobreza y privaciones, al lado de un padre alcohólico que solía maltratarla. A los trece años fue violada por el negro del conventillo y, antes de venir a París, se enamoró un par de veces. Cada una de estas referencias que se describen en la novela surgen intempestivamente, porque a la Maga no se la descubre fácilmente, esto le dice a Gregorovius:
Mi vida... ni borracha la contaría. Y no me va a entender mejor porque le cuente mi infancia, por ejemplo. No tuve infancia, además.
Luego, nos damos cuenta de que accede a contarle una parte de su vida a Gregorovius:
En Montevideo no había tiempo, ... vivíamos muy cerca del río, en una casa grandísima con un patio. Yo tenía siempre trece años, me acuerdo tan bien.
Un cielo azul, trece años, la maestra de quinto grado era bizca... a los nueve años me disloqué un tobillo; cuando iba a encender la vela de la esa de luz una mano caliente me agarró por el hombro, sentí que me cerraban la puerta, otra mano me tapó la boca, y empecé a oler a cantiga, el negro me sobaba por todos lados y me decía cosas en la oreja...²

Parece que todas estas situaciones que le ha tocado vivir se han convertido en las causantes de su actitud frente a las relaciones sentimentales. Es por eso que la Maga no muestra una entrega absoluta hacia Horacio, por el contrario, en ciertas ocasiones la vemos hablar con Babs sobre las saturaciones sexuales. Además la presencia de Pola la atormenta, pero no hasta el punto en que toma decisiones definitivas respecto a su relación con Horacio.

En este mismo sentido, la Maga no ve con malos ojos el abandono que Horacio procura hacia ella; al contrario, se podría creer que ella lo acompaña sin protesta en eso "ríos metafísicos" casi insondables a donde nadie puede llegar: por tanto, la Maga le sirve de puente existencial en esa incesante y constante búsqueda que en apariencia no tiene fin.

Es conveniente observar desde el personaje Oliveira la construcción narrativa de la Maga, y es precisamente Horacio ese hombre a quien admira profundamente, su correspondencia, puesto que de cierta forma ambos se encuentran exiliados y en busca de ese algo que los libere. Pero en Horacio se observa con mayor énfasis, es una suerte de juego donde el azar lo conducirá a la culminación de sus objetivos, por esa búsqueda que emprende en Paris, así todo ello le sirve de pretexto: las lecturas, el jazz, las disertaciones intelectuales en el Club y, por supuesto, la Maga.


¹Ibid., p.44.
²Ibid., p. 9.
³Ibid.

 

Y continuando con esa referencia de Horacio pues, en el fondo, el sentido de la Maga en la novela subsiste por obra y gracia de este personaje; es entonces necesario observar esa relación amorosa que, como nos damos cuenta, Persistirá incluso hasta en las obsesiones de Horacio en el centro de reposo mental.

La relación entre la Maga y Oliveira a medida que pasan de una situación a otra, se transforma y la distancia ayuda para que dejen de ser los cómplices de siempre; recordemos que el amor para Horacio se concibe como deseo y es la sensualidad una ceremonia que lo reafirma como hombre dominante.

Ese dominio superior del hombre por el deseo se hace evidente en esa armoniosa prosa fragmentada que tantos elogios ha recibido por los lectores y la crítica de Rayuela:
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.³

Julio_Cortázar

Esta contemplación erótica determina el grado de posesión y supremacía masculina, como si en el fondo Horacio fuera el artífice del deseo mismo y cada mujer el instrumento para colmarlos; el azar siempre aparece como un elemento que estructura su vida tanto en el amor, como en los problemas existenciales de su vida. Más adelante, observamos a estos personajes en una especie de entrega y desentrega, pues la relación se torna insospechada y hasta cierto punto no sabemos qué giro tomará; lo que sí podemos percibir desde el inicio de estos encuentros es la forma en que dialogan estos personajes, todo nos lleva a pensar que sus encuentros son importantes en cada encuentro erótico, mas no en el diálogo intelectual. De esta manera, páginas más adelante, Horacio sacrifica a la Maga por ese deseo de encontrarse en cada cosa que le ha de suceder; recordemos que Horacio resulta siendo una víctima de las cosas y la Maga termina siendo la víctima de Horacio; y esto último se evidencia en el rechazo, desgano e indiferencia de él hacia ella, cuando la Maga decide dedicarle mucho más tiempo a su hijo enfermo y a Horacio le parece esto un acto de insoportable cotidianidad al que no estaría dispuesto:

 
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Página 3.

 

El canalla soy yo... Dejame pagar a mí. Llorá por tu hijo, que a lo mejor se muere, pero no malgastes las lágrimas conmigo. Madre mía, desde los tiempos de Zola no se veía una escena semejante...
-Ah vos querés decir por qué todo esto. Andá a saber, yo creo que ni vos ni yo tenemos demasiado la culpa. No somos adultos, Lucía. Es un mérito que se paga caro. Los chicos se tiran siempre de los pelos después de haber jugado. Debe ser algo así. Habría que pensarlo.¹

Es entonces cuando percibimos la presencia de otra mujer que entrelaza ese hilo conductivo de la búsqueda existencial de Horacio, a manera de aventura amorosa: Pola, una mujer distinta a la Maga, con un estereotipo que dejó absortos a los del Club y a la misma Lucía.

Pola, sin duda, le sirve de entretención Oliveira, quien una vez más, como sucedió con la Maga, intentaría "encontrarse". Mientras ella soporta la presencia de Pola, sin discriminaciones; y es allí cuando vemos un episodio inverso, y es Ossip quien cortejará a la Maga. Pero esto no es relevante en este punto, hasta cuando Cortázar deja entrever en su novela esa dualidad psicológica que encuentra Horacio en otro personaje que bien pudiera ser él: Traveler. Y a su vez se desarrollan los episodios de sometimiento, y extremada dependencia de Talita hacia su marido, Traveler. Cualquiera puede llegar a pensar que se trata de una situación similar que bien hubiesen vivido Lucía y Horacio, pero en el fondo esa estrategia narrativa de Cortázar nos ayuda a pensar que, en efecto, Rayuela es una rayuela, donde el desenlace puede tomar un camino insospechado.

Para concluir este acercamiento, en Rayuela Cortázar se permite crear un juego narrativo donde la estructura no altera los contenidos, elevando esa lúdica hasta el nivel en el que la concepción de la mujer no es libre y mucho menos constructora de su destino. También observamos a un narrador que enaltece la sexualidad desde el punto de vista masculino y cuando la mujer toma cierta iniciativa es castigada, como le sucedió a Lucía. Al final nos quedan plasmados en nuestra memoria esos constantes pactos entre la Maga y Horacio, como si fuera una comunión de la incomunicación en el erotismo. Pero sobre todo Cortázar logra crear a una mujer que superar el terreno de lo erótico y pasa a un nivel de reflexión común a todas las mujeres: los infortunios económicos, el madresolterismo, el exilio, abandono, las aventuras y el deseo de superar las barreras que le impiden vivir.

 

 

Julio-Cortázar


¹Ibid., p.44., p. 129.

Xavier Edmundo Abad
Nietzsche46@myway.com

 
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