Escritor
y catedrático nacido en Zipaquirá en 1948. Ha sido marinero,
empleado bancario, vendedor de libros, publicista, periodista, dramaturgo
y editor. Director y fundador desde 1973 de la revista
literatura Puesto de combate. 34 años de
trabajo dedicados en la promoción de todos
los escritores, a los que llegan y aquellos que por múltiples
razones han sido marginados por la llamada crítica literaria colombiana.
La vida intelectual de un país, no sólo se mide en la lectura
de sus escritores sino también en la tarea de difusión
cultural asumida por las revistas.
Ha participado con éxito en los siguientes concursos: 90
años de El Espectador (1978), Gobernación del Quindío
( 1980-1981), concurso de cuento Testimonio (1981-1982), Concurso Roberto
Ruiz Rojas (1980, 1981, 1982). Universidad Externado de Colombia (1978).
Entre sus obras se destacan:
Las novelas El oficio de la adoración publicada
en 1988, con una segunda edición por la Editorial Unab
en 2004 y Cenizas en la ducha publicada
por la Universidad de Antioquia en septiembre del 2001. De
la recopilación de cuentos podemos mencionar: A la orilla del
trópico ( 1978) y Ciudad sin fábulas ( 1981) La sed de
los huyentes ( 1985) e Inventario de invierno.
Mundo narrativo: entre los recuerdos
y la ficción
La preocupación de quienes hemos estado vinculados de alguna
manera con la literatura es la de acercarnos al texto, poema, cuento
o novela, a través de la palabra que se integra en la medida que conquista
los espacios donde el hombre construye su historia y constantemente se formula preguntas.
Historias como la de los inquilinos de la Casa, donde la mirada de Alejandro se
encuentra con la de Teresita, Erika, Ruperto, Segismunda, Mercedes, Amanda,
Gloria, Ruperto, Haroldo en fin. La literatura de Milcíades
tiene mucho de urbano y de montaña también:

“ cuando
iba a visitar a mi padre, me daba cuenta de las diferencias que existían
entre una ciudad y un pueblo, entre un barrio y una vereda. Yo era del Cruce
de los Vientos. Muchos de sus habitantes vivíamos
en Bogotá porque allí estaba la cultura, el
comercio y el dinero. Sobre todo el dinero, ¿ a
quién demonios le importaba la cultura?
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Es
una literatura que escribe sobre los asuntos que verbalizan la experiencia
pura, donde se tratan los temas que comparten todos los hombres porque
nos son comunes: la
soledad, el amor, la vida, la muerte, el sexo y la esperanza. Tiene
esa capacidad de sorprendernos, y nos sorprende desde lo cotidiano, desde la
memoria, desde el recuerdo, al igual que el arte potencia el espíritu
para que el proceso creativo del hombre brote en su soledad.
Milcíades Arévalo y su literatura navegan entre la crónica
urbana y los relatos de pueblos atravesados por trenes, circos,
girasoles, soldados, del loco que se aventura a conocer París
y demás: “ Los viajeros asomaron desde diferentes
lugares y se acomodaron frente a la ventanilla del Despacho de Tiquetes.
El tren que recorría la Zona con pesados vagones rojos, anunciaba
su llegaba interminable. Los síntomas de tres días de
espera y cansancio, cedían para dar paso a la alegría y el
bullicio de vendedores y pasajeros…”
Otro sentido de la existencia
En el Oficio de la adoración los protagonistas
cumplen con la etapa del acercamiento amoroso basados más
en la belleza corporal que en las virtudes morales… visiones de
una desnudez, como recurso ceremonial para alucinar a los amantes, goce
místico del amor, idolatría, y finalmente la locura del amor
las mieles del erotismo.
“ Se derrumbó en el sofá y se puso a leer, olía
a delicioso y se veía tan linda con su falda de colegiada, sus medias blancos
y sus rizos de pelo… quería tener sólo ojos para ella
y que ella me mirara con su sexo o me matara si era el caso, pero que nunca
dejara de mirarme como ahora lo está haciendo”.
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