1.
Por:
Adriana Victoria Rodríguez
Estudiante de Literatura Virtual
“Así, víctima de su extravío, no sabía ni quería otra cosa que perseguir sin tregua al objeto de su pasión, soñar con él en su ausencia y, a la manera de los amantes…a una simple sombra”1. .
Thomas Mann (6 .06.1875-12.08.1955), escritor alemán, con nacionalidad estadounidense, se dice que fue el último gran novelista del siglo XIX. Sus trabajos son críticos y reflexivos, hablan sobre la vida alemana y el espíritu europeo de la primera mitad del Siglo XX, basándose en las ideas radicales de la Biblia, Freud, Schopenhauer y Nietzsche. Perteneció a una familia comerciante y rica, nació en Lübeck, pero pronto se estableció en München, donde estudió en la Technischen Hochschule de esta ciudad para ser periodista. Su comienzo literario lo efectuó en Simplicissimus (Zeitschrift- revista semanal satírica) con “Der wille zum Glück” (cuento). Su primera novela fue “El pequeño señor Fidemann”, 1898, publicada en Neue Deutsche Rundschau. En 1900 comienza su servicio militar, que no duraría sino tres meses. Conoce a Katja Pringheim, con quien se casa en la primavera de 1905.
Sería bueno partir del hecho de que Mann tenía solamente 38 años cuando escribió “La Muerte en Venecia”, en 1913. Por eso no podría decir que el libro sea autobiográfico, pero me ha permitido cuestionar sobre el conflicto íntimo de Mann y sus propios pensamientos. Creo que esta novela puede ser el reflejo de sí mismo, tal vez busca, a través de la historia, la razón moral que encubre sus sentimientos, la justificación de sus deseos, el miedo a la senectud, el miedo a su propia sexualidad.
No es secreto la vida problemática de T. Mann y de su familia, ni las tendencias homosexuales que en muchas de sus obras expone, pero, aún así, sería difícil decir si fue o no homosexual, aunque sí podemos comprobar una batalla interna contra esta tendencia latente que refleja en muchos de sus escritos. Esta lucha la podemos ver, con claridad, en esta corta novela.
Mann escribe sobre un viajero fatigado; un escritor (como T. Mann), ya entrado en edad, cansado, que vive una paradoja interna, que quiere escapar de una realidad tediosa y desea salir de aquel anquilosamiento perturbador y absurdo que lo anuda y lo limita. Por eso, busca apartarse de su destino buscando sosiego, quietud y descanso. Pero antes de emprender camino a ese viaje de vacaciones, que había planeado con anterioridad, manifiesta un cambio moral, algo que nunca antes había experimentado; cada situación, que antes era común, se transforma en algo significativo, digno de ser analizado y discutido en su interior.
Thomas Mann, Muerte en Venecia, Fischer Verlag GmbH, Frankfurt Main, 1971, p. 94.
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2.
La novela describe un mundo cambiante, casi ajeno, y la sensación de perderlo todo. El personaje Aschenbach es un ser meditabundo, depresivo, exigente de sí mismo, convencido de su propia moral, esa “integridad” aceptada por una sociedad “digna” y encadenada. Pero detrás de esa máscara se esconde un individuo diferente, que tiene miedo de algo que disimula muy dentro de sí. Luego de vacilar y de soportar diferentes eventualidades, es “rescatado” de esta soledad, inequívoca del solitario empedernido, cuando por primera vez ve a un joven salido de un cuento mitológico y con un especial encanto sensual que lo lleva a abandonar su realidad.
Al inicio de la historia, Aschenbach comienza a mostrarse diferente, tal vez porque aquella vida rutinaria siempre limitó sus sentidos, tal vez por la frialdad de la ciudad o, simplemente, sin ninguna razón, un hombre desconocido despierta en él sentimientos e impulsos que nunca antes había percibido; por primera vez busca la mirada de un hombre, por primera vez detalla sus ojos, su nariz, hay cierta atracción, tenue, pero viva, que empieza a manifestarse en su ser. Pero como su palabra predilecta es “resistir” tenía que disimular, no existe ni siquiera un intercambio de palabras, porque Aschenbach es un individuo solitario y observador, características importantes en él, este acontecimiento sería, solamente, un momento fugaz y casi, por las normas morales, debía ser carente de significado. Todo su ser está llamado al trabajo, que, además de ayudarlo a no pensar, es su refugio. Tiene la necesidad de una ocupación que limite su deseo o incluso lo “castre”, mejor no sentir… mejor trabajar.
Diversos asuntos lo detuvieron en la ciudad alemana hasta que, por fin, pudo liberarse del trajín diario; su primer deseo fue ir a las montañas, un lugar que no le dio la paz que buscaba, es así que decide, espontáneamente, ir a la playa; busca como destino una ciudad exótica y mágica de comienzos del Siglo XX. Sin pensarlo mucho, viaja a Venecia, una pintoresca ciudad italiana, ese lugar que tiene el encanto que busca, un lugar mítico.
El mundo empieza a sufrir un torbellino de cambios y Aschenbach no deja de notarlos, pero esas conductas no son fáciles de aceptar. Creo que Aschenbach llega a pensar que ser homosexual o tener aquella tendencia puede ser una enfermedad, nunca lo dice pero la lógica del ser humano de aquélla época es rechazar lo que todos rechazan, aceptar lo que el resto acepta, aunque aquello implique negarse a sí mismo y muy dentro, íntimamente, el ser humano sienta de otro modo 2. , debe callar y reprimir sus sentimientos, pues no puede hacer nada, resignarse al vacío que tiene y deberá ser llenado por otras cosas que compensen el apetito sexual y la frustración. Por eso Aschenbach se refugia en su trabajo y la lectura, lo único socialmente aceptado y por lo que podía sentir pasión; por lo único que podía encauzar sus deseos, o someterlos bajo el yugo de la autodisciplina.
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