chucho_rey

 

1.

Por:
Giovanna Rosero Filigrana
Estudiante de Literatura Virtual

Alberto me llamó como a las 4. Yo estaba embebida en algún asunto de esos de la vida laboral. Las llamadas de Alberto siempre contienen cosas interesantes. Me había dicho que iríamos a "visitar al viejo Carlos Alberto Caicedo", yo no sabía cuándo, pero Alberto no es de los que dice algo si no lo piensa realmente. No es como el colombiano común que te dice “me llamas para que nos veamos y sabe que ni lo vas a llamar ni se van a ver...”

No, él te dice que te lleva el libro y te lo lleva, que te va a llamar y te llama. Alberto es de una pieza. Con su llamada salgo de mi mutismo, de ese otro yo.  Alberto me pregunta  con su acento valluno: “¿que vas a hacer después de salir de trabajar?” Entonces yo le digo que no, que nada... mientras tanto él me dice: es que voy para donde el viejo Caicedo.¿Querés ir?


Me sentía nerviosa. Salí rayando las 6. Avancé en la vía. Quise llevarle algo, ¿pero qué se lleva? Son las 6:15 y el tráfico está de locos. Alberto está allá desde las 4. ¿Cómo era posible que yo los estuviera haciendo esperar?
Pare en el Ventolini del Gato  de Tejada. Compré unos deditos. Salí. Avancé. Una bicicleta se me puso delante en la vía. ¡Oh, por Dios! Voy contra el tiempo. Seguí por la avenida del río, como me dijo Alberto, subí hasta la portada al mar frente a la María mulata. Pensé en las razones por las que nunca se me olvida que esa ave es una María Mulata... Crucé a la derecha, ahora llevo el río a mi derecha, mientras conduzco. Alberto está afuera esperándome. Parqueo.


Entré pausadamente, quería mirarlo todo. Es una casa grande. Entramos por el parqueadero, seguimos por un pasillo con muchas fotos de la familia y de Andrés. Al fondo está el estudio, y sentado en medio de él está Carlos Alberto y es un encanto, es maravilloso que a sus 90 junios él esté bien para disfrutar las visitas. Me saluda. Lo ayudo a pararse. Es un hombre alto. Los años están, él está, es una fuerza distinta. Alberto le pide que me lea unos poemas de su libro. Yo lo escucho, los poemas son preciosos. Me lee un poema a Andrés y un poema a Nelly. Se queja de la falta de rima en los poemas. A mí me encantan sus poemas.


En su escritorio hay un par de ediciones de su libro, con cintas y escritos a mano. Él sigue buscando gazapos, reescribiendo y apuntando definiciones. Atrás están todos sus diccionarios.


Ya es hora de irnos. Carlos Alberto nos acompaña a la puerta y se despide con una nueva invitación.

Carlos Alberto Caicedo Arboleda es el padre del escritor caleño Andrés Caicedo.


Salimos. Tomamos la circunvalar. Atravesamos la ciudad rumbo a Jamundí.

Septiembre 30 2009 7:47 PM

Cedido por http://giovannarosero.lacoctelera.net/post/2009/10/01/el-pasillo-su-casa

 

2.

 

 

 

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