1.
Por:
Juan Pablo Chajín Cabrera
Estudiante de décimo grado del Gimnasio del norte, Bogotá
Hay que recordar y tener en cuenta en todo momento hasta el fin de este efímero cuento que, el hombre vestido de negro nunca mató a su esposa. También es de gran importancia resaltar que el humo que navega con aire de la noche no nació de aquella llama que quema el cigarro. Y la sangre, por supuesto, la que se combina con el pelo rubio y acobija el mármol blanco y hace de las paredes un cuadro expresionista donde cada pincelada del rojo vivo marca un grito ya olvidado, no es de aquel cuerpo blanco cuyos ojos yacen perdidos en horizonte de la nada.
La puerta se cerró. El hombre de negro salió con rostro horrorizado mientras el frío del mango de aquella navaja pesaba en su mano. Detrás de la pared miradas cruzadas y voces calladas postraban su oído contra la pared gruesa que divide vidas y cubre mentiras.
Una pareja de edad se aferra al teléfono y con voz de angustia, suavemente, con claridad, relata lo que su imaginación dicta que debió haber acontecido detrás de la pared. Al colgar, se abrazan, se besan y se alegran de estar vivos; poco después ya están dormidos y no se dan por enterados cuando las linternas alumbran en la oscuridad del pasillo, y los pasos contundentes se acercan por la pared.
Hay unos golpes en la madera. No hay respuesta. Después un silencio de funeral envuelve el escenario, y en el próximo golpe se escucha cómo la madera se despliega en trozos, y nuevos pasos se dan a conocer. Hay silencio detrás de la pared, tampoco hay movimiento.
Murmullos empiezan a redundar. Las luces se prenden y navegan en la oscuridad de la noche mientras entran por la abertura inferior de la puerta de la pareja de edad que duerme sin darse cuenta de aquello.
La madera rota queda en piso, al igual que la sangre y el cuerpo. La botella de vino está en la mesa sin destapar. La comida fría espera el hambre y la foto de una pareja joven, de un hombre elegante y una mujer femenina que sonríen hacia una habitación vacía, donde una tragedia tomó vida.
Cientos de pasos de distancia. Un hombre elegante, vestido de negro, llora de luto en la noche. El frío no importa, y cae de rodillas como las lágrimas caen al olvido.
El hombre dice algo, lo repite cuantas veces puede, pero en vano nadie escucha. La navaja y la sangre en su mano se roban sus ojos, y las lágrimas y sus gritos se roban el silencio. Una mujer femenina ha muerto. Un hombre inocente pide el purgatorio, y la noche… la noche sonríe.
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