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1.

Carlos Arnulfo Arias
Escritor y docente del programa de Literatura virtual

Glosa a un breviario de un tal Arias
Rymel Eduardo Serrano


El origen de la palabra “breviario” (compendio de salmos y oraciones litúrgicos), pareciera ser ajeno a nuestro Carlos Arnulfo Arias, tan poco amigo de litúrgicos oficios, de católicos dogmas. Si hubiera vivido en la edad media, el poeta sería, sin duda, sin embargo, un incansable peregrino o, mejor, un goliardo que hubiera cambiado el sosiego de los monasterios por el bullicio nocturno de una taberna o los vericuetos de algún villorrio, por cuyas callejuelas oscuras deambularía, portando en una mano un farol apagado y en la otra el cayado de un pastor sin ovejas; nada más.


“Breviario del despojo” no es un compendio de oraciones sino de pensamientos. Pensamientos como los que se rumian mientras se va caminando, sin rumbo, sin destino. Por ejemplo: “Estamos siempre de regreso. Nunca hemos estado de ida, sino de vuelta”. O: “Llega el momento en el que el mundo que nos circunda se entristece de manera infinita, hasta convertirse en un lugar sin esperanzas”. O: “No hay qué temerle al viento sobre los ojos abiertos”.


Podríamos llamar a estos pequeños poemas “aforismos”. Yo prefiero llamarlos glosas, ocurrencias escritas al margen de un libro de oraciones que no sirve para leerlas y rezar sino para redactar en los espacios en blanco lo que se nos ilumina de pronto, en una esquina, antes de pasar la calle.
Pero no digo más. Es justo intentar, al menos intentar, ser breve como los poemas que componen la obra que hoy se presenta en público, al otro lado del alma de quien los escuchó en silencio para luego cantarlos en el afuera donde los demás estamos.


Como se sabe, la auténtica poesía siempre surge de la nada, de súbito: cuando el silencio se transforma en su contrario, en voz, en palabra, en verso. Porque, como lo dice Carlos Arnulfo: “El revés se endereza cuando empiezas a contarlo”.

 

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2.

LA ESCRITURA COMO SILENCIO
Comentario del libro Breviario de Despojo de Calos Arnulfo Arias
Adolfo Cifuentes, Bogotá, Abril de 2010

En alguna entrevista Máximo Gorki revelaba su procedimiento de escritura: tomar un adagio popular y extenderlo durante quinientas páginas. Los proverbios, las máximas, encierran la experiencia decantada de generaciones y pueblos enteros, la estrategia sería entonces recorrer ese camino a la inversa: estirarlos, hacer resonar los hechos encapsulados en estas píldoras concentradas. En la orilla opuesta Borges, maestro indiscutible del cuento, decía que no veía ninguna razón para alargar durante trescientas páginas una historia que podía ser contada en cinco. ¿Cuál debería entonces ser la extensión de un cuento, un relato, una poesía o una novela? ¿La de la Comedia Humana de Balzac? ¿La de los Haiku japoneses? ¿Constituyen el modelo a seguir los microrrelatos de Augusto Monterroso o los tres gruesos tomos de Un Hombre Sin Atributos de Musil?

Afortunadamente nadie lo sabe: aquí, como en tantísimos otros temas cruciales (el bien y el mal, la vida y la muerte, el tiempo, el más allá, el más acá, etc. etc.) nadie tiene una respuesta definitiva, o mejor dicho, la respuesta no preexiste a las tentativas de responderla: Balzac y Monterroso tienen ambos razón porque demostraron con su obras que la extensión perfecta son 85 novelas… o un par de renglones.

En su Breviario de Despojo, Carlos Arnulfo Arias nos da un par de respuestas posibles: la primera viene del lenguaje visual que ha cultivado durante décadas, en diferentes técnicas (pintura, dibujo, fotografía) pero con ininterrumpida fidelidad: el Blanco y Negro. Su estrategia podría ser entonces comparada con la de los calígrafos chinos: la cantidad de golpes de plumilla estrictamente necesarios para que el vacio revele toda su potencia. Menos es Más, como reza el famoso adagio de los minimalistas, para quienes el blanco fue siempre el color esencial.

La otra respuesta viene, claro está, de su hacer como escritor: los solitarios habitantes del borde, que han poblado sus textos no necesitan ya de carne, huesos, nombres, profesiones, hechos, vidas u obras para hacernos llegar su reto al vacío, su danza en las cuerdas flojas que constituyen su última apuesta: el amor, la fe en el alcohol, el suicidio, el desafío, el olvido, etc. Ahora les basta sugerirse. Recordarnos que “trabajamos duro para perder el tiempo con dignidad”, que “todos somos responsables de la caída de alguien”, que “pronto seremos una sombra y nada más”. Pero, si habitantes del borde los hay de muchos colores y tamaños, sus diferencias no necesitan ya ser detalladas ni expresadas: basta, como en el iceberg, avizorar una cresta para entender su profundidad y naturaleza. Porque, aun si estamos de antemano condenados al olvido, a la sombra y la muerte, también, “cada vez que nos amamos sucede un milagro”, y a pesar de nuestra debilidad, “podemos ser uno y mil hombres”. Porque debemos alcanzar “la tenacidad de los talladores de piedras”, y podemos cultivar “el valor de mirar nuestra casilla de correo y encontrarla vacía”.

Ese vacío es también un texto y un universo. El lenguaje no fue hecho para decir, sino también para encubrir, esconder, difamar y mentir, y en un mundo de híper-conectividad, de sobre-saturación de información, de trescientos contactos en Facebook y cuatrocientos amigos en el Messenger, de cinco correos electrónicos con quinientos mensajes sin leer en cada uno, tal vez la escritura deba ser pacientemente reinventada: como despojo, como sigilo, como intersticio. Como generación cuidadosa de silencios, necesarios para reconstruir los vacíos esenciales al equilibrio del mundo.


Adolfo Cifuentes, Bogotá, Abril de 2010

 

 

3.

Breviario del despojo, el nuevo libro de Carlos Arnulfo Arias

Por Eduardo Martínez Ojeda

Escribir un libro para después, por la obviedad de las emociones truncadas  o tal vez por la redundancia de las reflexiones propuestas destrozarlo, reducirlo a frases cortas, a propuestas de aforismo incluso a referencias cotidianas es lo que aparentemente ha logrado Carlos Arnulfo Arias con este nuevo libro que nos ofrece.

De entrada (no es nada fácil proponer unas cuantas reflexiones bajo el ardite de libro, le dijo don Quijote a Sancho cuando estaba este último a punto de partir para su ínsula Barataria, sin embargo fue largo y sustancioso el discurso que le tendió), y lo mismo pienso que se puede leer entre los silencios que este maestro Quijote de nuestra escuela ha pretendido con su libro, que entre otras cosas se puede ver medio vacío o medio lleno, dependiendo de la forma de mirarle.


Para nosotros, sus estudiantes virtuales, resulta estimulante este Breviario del despojo. Es un punto de partida en el ideario propuesto en  materia literaria. Sus espacios vacíos pueden ser justamente aquellos que cada uno puede llenar con sus propias ideas y él como maestro no puede reclamar nuestra intromisión, es más, debe aceptarla y celebrarla como parte del objeto general de su libro, que para muchos puede resultar justamente lo contrario, un montón de espacios no-llenos que le restan la tan deseada sustancia literaria que todos los libros ofrecen, pero, ¿ no estamos acaso un poco ahítos de tanta letra ajena que de hecho abruma el gusto por la letra que buscamos? .... Y justamente ahora en la era de la interacción comunicativa podemos desear un poco de espacio para la acción propia, como se puede esperar del estudio maduro de la literatura por medios virtualizados.


Los grandes poemas ya han sido cantados hasta la saciedad de mil formas. Las épicas se repiten con infinidad de formas y texturas y sin embargo no ocultan del todo la repetición del acto central  que las une como en un largo cordón umbilical que antes que liberar aprisiona, siendo esto precisamente lo que las TIC nos ayudan a evitar y es, creo, el motivo fundamental de su encanto dentro de las nuevas generaciones. Los  jóvenes no queremos  perder tiempo repitiendo las mismas historias por más nobles y dignas que estas sean, menos cuando se cubren de la densa capa  de algún estilo peculiar o se apoyan en el derecho que les pueda otorgar  la fama de las ventas o  la crítica  salida del departamento de mercadeo, y es allí en donde podemos empezar a ubicar  los nuevos trabajos que nos resulten potables.


Lo considero interesante y  vale la pena darle la ojeada a este Breviario que trae una mirada nueva a la didáctica de la literatura, con sus grandes espacios libres al poema y  el ensayo de cada lector, porque lo primero que nos dice es que él mismo no está concluido.

4.

NOTA AL LIBRO “BREVIARIO DEL DESPOJO” DE CARLOS ARNULFO ARIAS M.


He leído el libro Breviario del Despojo, como dirían los contadores (de cifras, no de historias) y me he vuelto a sumergir en esos mundos sepias, silenciosos, rasgados y melancólicos muy propios de mi tocayo Carlos Arnulfo.  Tienen sus letras, esa insistencia a palpar el vacío, a sentir que la nada nos acoge y que los engañosos adioses se repiten como un eco hasta el próximo encuentro…


Pareciera estéril en un mundo “problemático y febril” lanzar voces poéticas al viento. Pero no, los señalados tienen que seguir con la sensibilidad a flor de piel mientras tropezamos con el judío errante. Alguien tiene que recordarnos que la universalidad, más que de cifras homogéneas es de comunión universal.


De ahí que el Breviario del Despojo insista en cartas de bolsillo, en miradas desde balcones, en laberintos codificados, en palabras encadenadas, en dignidades vitales, y en el aliento general de sacarle partido a la existencia a través de miradas minúsculas y atomizadas.


El libro se deja leer de corrido, una y otra vez, con redobles acentuados e ideas ajenas a puntos y a comas, sólo al palpar. Sus letras son un remanso en la cotidianidad, son una cerveza fría en medio de los desiertos de comunicación, y un fresco que corre por el costado derecho.


¡Gracias, tocayo, no hay cómo pagarte tu complicidad!


CHRISTIAN ARIAS FLOREZ
MARZO 2010

 

 

5.

UN LUGAR SIN ESPERANZAS
Por: Claudio Anaya L.

Breviario del Despojo es el más reciente libro de Carlos Arnulfo Arias M., y en este título, tal vez despojo sea sinónimo de desesperanza o de paradoja, como puede colegirse de los tres epígrafes que anteceden la obra, escritos por Juan el evangelista, Samuel Beckett y Julio Cortázar.


En esta colección de textos breves como bonsáis que han sido podados con la tijera de la parquedad movida por la mano de la desilusión, hasta dejar sólo  la última yema o el último cogollo como la única esperanza o posibilidad que tiene para retoñar el follaje de la historia y toda la carga de los factores humanos, no obstante puede entreverse la aridez de nuestra sociedad.


Es manifiesto el cansancio de los discursos de nuestra cultura, que si bien en los aspectos espléndidos se refugian y sobreviven en algunas minorías que más semejan sectas de afiliados, no contribuyen o dadas las circunstancias sociales no han podido contribuir a mejorar o dignificar nuestra condición humana como pueblo.


La poesía habla de los sueños de la gente y de sus deseos, de su historia y de su fantasía, y de muchos otros aspectos, pero también puede hablar de sus fracasos. Y ante un mundo tan hostil cabe la pregunta: ¿Para qué una poesía alambicada con todos estos temas, si en última instancia son las coordenadas de basura que le dictan a la gente la publicidad, la farándula y ese esperpento llamado política? … ante esto, la sentencia de fuerte sabor filosófico del rumano Emil Ciorán:  “… la fatiga, transformada en visión del mundo…”.


Breviario del Despojo es el relato de quien viene ya de regreso. Pero no es un relato lineal sino una granizada de esquirlas, cada una manifestando una intensión, cada una con una historia bien oculta, tal vez por inconfesables algunas de ellas. Cada una esgrimiendo su filo y su punta,  porque ¿para qué la anécdota si la intensión es la de cuestionar, herir o diseccionar al lector?... breviario de lectura laberíntica, puede abrirse por cualquier página y saltarse de una a otra incesantemente; cada texto es un callejón que puede llevarnos a ese lugar sin esperanzas que es la esterilidad del mundo, o a uno mismo.  

Bucaramanga,  marzo de 2010     

 

6.

A CARLOS ARNULFO ARIAS MENDOZA

"No siempre hay treinta monedas en juego" y tratándose de Carlos Arnulfo, nunca las habrá, ni importa la cantidad, ni importan las monedas, lo que importa en él es el juego, el juego a veces cruel, a veces bello, a veces apacible, a veces ácido, pero siempre el juego, porque sabe y nos lo dice a cada rato, a cada paso, que esta vida más allá de toda aparente seriedad, es un juego: de espejos, de sombras, de intuiciones, y estas intuiciones y estas sombras y estos espejos son los que él nos revela en sus libros y en sus fotografías, en su mirada abierta hacia el mundo y sobre el mundo.

"No siempre hay treinta monedas en juego"... a veces, lo que hay, son hombres, hombres con la capacidad de mirar más allá de sí mismos, de ver el mundo y a pesar del mundo mismo, a veces hay hombres, hombres aún, con la capacidad de reconstruirlo y recrearlo, para hacerlo mejor, un poco mejor...eso es lo que hace que la obra de Carlos Arnulfo importe y nos toque, porque en su mirada nos ayuda a transformar también nuestra mirada sobre el  mundo y nuestra reflexión sobre el estar en el mundo, en el que afortunadamente y gracias a seres humanos como él, ""No siempre hay treinta monedas en juego", ni importa la cantidad, ni importan las monedas, gracias Carlos Arnulfo.

Liliana Rueda Cáceres, Bucaramanga, marzo de 2010